
Todos los martes, el Teatro Paseo La Plaza se convierte en una fiesta para una nueva función de La Desgracia, de Juan Martín Delgado y Mariano Condoluci.
La trama gira en torno a Terranova, un pueblo chico y conservador que se despierta debido a una enfermedad mortal de transmisión sexual llamada La Desgracia. El escándalo trasciende cuando Anita, la hija de la intendenta, es internada en el hospital del pueblo como consecuencia de la enfermedad.

Las actuaciones de Mariano Condoluci (Nora), Andrea Lovera (Leonor), Pato Witis (El Doctor), Mariel Percossi (Anita), Georgina Tirotta (Samanta) y Miguel Gómez Vicari (El Cura) son de una perfección pocas veces vista y se sostienen durante toda la función.
El ensamble, integrado por Antonella Fittipaldi, Joaquín Catarineu, Alejandro Justiniano, Azul Mazzeo, Florencia Diez, Melissa De Miguel, Ramiro Gelvez (Swing) y Yami Church (Swing), no se queda atrás en ningún momento, al igual que la banda, integrada por Pedro Sosa (piano y conducción), Lula Aragona (guitarra), Leandro Biera (bajo eléctrico), Mayumi Urgino (violín), Franco De Paoli (batería), Aldana Bozzo (flauta) y Jonathan Miale (violoncello).
El vestuario de Marisol Castañeda y Claudia González está perfectamente trabajado y contextualiza muy inteligentemente el universo de Terranova, acompañado por la estética y el tono de la obra.
El musical logra algo que no todos logran: combina el humor, la música y una historia que termina siendo disparatada sin perder su identidad. Es un espectáculo que, año tras año, termina convirtiéndose para algunos fans del teatro musical en un ritual.
Quizás esto mismo sea una de las claves del éxito del musical: La Desgracia es uno de esos espectáculos a los que uno puede volver las veces que quiera, porque la fiesta siempre está a punto de volver a empezar.
Por: Ignacio Jacquelin



