
¿Bajarán los precios de los celulares en Argentina por la reducción de impuestos a la exportación?
La reciente decisión del Gobierno de reducir en un 30 % la carga impositiva sobre los celulares destinados a la exportación reavivó una pregunta recurrente entre los consumidores argentinos: ¿habrá un impacto en los precios que se pagan en el mercado local? La respuesta, al menos por ahora, es más compleja de lo que parece.
En los últimos días, el anuncio de un alivio fiscal para los teléfonos móviles fabricados en el país y vendidos al exterior fue presentado como una medida orientada a fortalecer la competitividad de la industria nacional. El objetivo oficial es claro: incentivar la producción, ampliar mercados y generar divisas a través de las exportaciones, principalmente desde los polos tecnológicos del sur del país.
Sin embargo, la reducción impositiva no alcanza de manera directa a los celulares que se comercializan dentro de la Argentina. Los equipos que llegan a manos de los consumidores locales continúan sujetos a una estructura de costos elevada, que incluye IVA, impuestos internos, costos logísticos, márgenes comerciales y la incidencia del tipo de cambio. Por ese motivo, el beneficio otorgado a las exportaciones no se traduce automáticamente en una baja de precios en góndola.
Especialistas del sector advierten que, en el mejor de los casos, el impacto podría ser indirecto y de mediano plazo. Si la medida logra aumentar el volumen de producción, las empresas podrían alcanzar economías de escala que reduzcan ciertos costos. No obstante, trasladar ese eventual ahorro al mercado interno dependerá de decisiones empresariales y del contexto macroeconómico.
A esto se suma un factor clave: la inflación y la volatilidad cambiaria siguen siendo determinantes en la formación de precios de la tecnología en Argentina. Incluso con incentivos a la exportación, cualquier beneficio puede verse neutralizado por subas en los insumos importados o en los costos operativos.
En síntesis, la baja de impuestos a los celulares exportados representa una señal positiva para la industria y para el objetivo de incrementar las ventas externas, pero no implica, al menos en el corto plazo, una reducción en los precios que pagan los consumidores argentinos. Para que eso ocurra, sería necesario un cambio más amplio en la carga impositiva interna y una mayor estabilidad económica que permita trasladar los beneficios de la producción a los bolsillos del público.
Por: María Lorena Belotti





