Cine

Caramelo: una historia que acaricia el alma


En un rincón de Brasil donde la vida parece escrita con la ternura de los afectos simples, Caramelo llegó a Netflix para recordarnos que el amor más puro a veces tiene cuatro patas, una mirada fiel y un corazón dispuesto a sanar el nuestro. La película brasileña, basada en hechos reales, se convirtió rápidamente en una de las favoritas del público latinoamericano, gracias a su sensibilidad y a la poderosa conexión que plantea entre humanos y animales.

WhatsApp Image 2025-10-25 at 04.44.34 (2)

La historia sigue a un perro que, tras atravesar el abandono, encuentra en una familia una segunda oportunidad. Pero más allá de la trama, Caramelo es un viaje emocional: nos invita a pensar en las heridas que no se ven, en esas pérdidas que duelen incluso cuando son silenciosas, y en cómo la compañía de un ser inocente puede convertirse en una medicina para el alma.

WhatsApp Image 2025-10-25 at 04.44.33

Visualmente cálida y cercana, la dirección apuesta por la emoción sin caer en el golpe bajo, aunque algunas críticas señalan que el film se apoya demasiado en fórmulas clásicas del drama familiar. Aun así, su mensaje es contundente: todos merecemos sentirnos amados y cuidados.

WhatsApp Image 2025-10-25 at 04.44.34

La prensa especializada ha destacado el trabajo del elenco, especialmente la interpretación infantil que logra transmitir sinceridad y esperanza. Otros, en cambio, consideran que la narrativa es predecible y se apoya en clichés del cine de mascotas, sin arriesgar demasiado en el guion. Sin embargo, es justamente esa simpleza lo que ha conquistado a miles de espectadores: Caramelo emociona, y emociona de verdad.

Porque cuando un animal llega a nuestra vida sin pedir nada a cambio, es posible que sea él quien termine rescatándonos. Y esa es, quizás, la enseñanza más hermosa que nos deja esta película.                

Se trata de un producto audiovisual que apela tanto a las emociones como a las reflexiones más profundas acerca  de la vida y la muerte.       

Por: Loli Belotti

Botón volver arriba