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Cuando la danza es protagonista

El musical basado en la película estrenada en los años 2000 y presentado por primera vez en Londres en 2005 desembarcó en la Argentina con una producción de Diego y Omar Romay, consolidándose como una propuesta que pone el foco en la emoción, la música y la danza como motor narrativo.
La historia gira en torno a Billy, un niño que vive en un pueblo minero del norte de Inglaterra y que descubre que su verdadera pasión no está ni en la minería ni en el boxeo, sino en el baile. En un contexto marcado por mandatos familiares y sociales, deberá enfrentarse a las expectativas de su entorno para perseguir su vocación artística, aunque su padre, Jackie Elliot, no está del todo de acuerdo con que abandone el boxeo para dedicarse al ballet.

El elenco infantil rota en cada función. En esta ocasión, se destacan las actuaciones de Joaquín Mondino Formichelli como Billy Elliot y Lautaro Muro López como Michael, su mejor amigo, quienes construyen una relación cercana y sensible en escena.
También forman parte del elenco Mariano Taccagni, Hernán Kuttel, Evelyn Basile, Osvaldo Laport, Graciela Pal, Alejandra Perlusky, Sacha Bercovich, Deborah Turza, Iñaki Agustín, Alfredo Castellani y gran elenco.
Se destacan además las interpretaciones de Osvaldo Laport como el padre de Billy y Graciela Pal como la abuela del protagonista, aportando momentos de gran carga emocional y sensibilidad en sus vínculos familiares.
La puesta en escena presenta una estética cuidada y un ritmo sostenido a lo largo de toda la obra. El espacio escénico está distribuido de manera precisa, acompañando el desarrollo narrativo, mientras que las coreografías de Gustavo Wons dialogan con la música de Elton John de forma orgánica.
La iluminación de Gonzalo Córdova acompaña la estética general del musical, mientras que la escenografía de Jorge Ferrari sostiene visualmente la propuesta. El vestuario de Sofía Di Nunzio resulta fundamental en la construcción de cada personaje.
La dirección de Rubén Szuchmacher articula de manera sólida todos los elementos de la puesta, logrando una unidad entre actuación, música y diseño escénico que sostiene el ritmo del espectáculo.
El resultado final es un espectáculo que se posiciona como una de las propuestas más destacadas de la cartelera de vacaciones de invierno, con una historia que combina emoción, música y reflexión para toda la familia.
Por: Ignacio Jacquelin

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