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El vínculo sueco: la neutralidad que eligió salvar vidas

La nueva película dramática de Netflix rescata un episodio poco conocido de la Segunda Guerra Mundial, en el que la burocracia se transforma en acto de resistencia y humanidad.

En un catálogo saturado de batallas épicas y héroes uniformados, la película El vínculo sueco emerge como una de las apuestas más singulares de Netflix en 2026. Esta producción sueca, titulada originalmente Den svenska länken y disponible en la plataforma desde el 19 de febrero, traslada la mirada del espectador desde los campos de combate hacia los pasillos silenciosos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Estocolmo, donde un funcionario común se convierte en protagonista de una historia extraordinaria.

La cinta, dirigida y escrita por Thérèse Ahlbeck y Marcus Olsson, se basa en hechos reales ocurridos en 1942, cuando Europa estaba bajo el yugo nazi y Suecia –oficialmente neutral– lidiaba con la presión de las potencias en guerra. En ese contexto, Gösta Engzell, interpretado por Henrik Dorsin, es un burócrata meticuloso que inicialmente repite rutinas administrativas sin mayores sobresaltos. Sin embargo, la llegada de nuevos rumores sobre la “Solución Final” y la creciente amenaza para las poblaciones judías cambian la naturaleza de su trabajo: de ser un simple gestor de papeles, Engzell se convierte en un orchestrador de dispositivos legales para facilitar visas, salvoconductos y salidas seguras para quienes están en peligro de exterminio.

La narrativa de El vínculo sueco rehúye las escenas de acción convencionales y concentra su fuerza dramática en las decisiones aparentemente triviales que, sin embargo, terminan teniendo consecuencias vitales. La película plantea, con tensión contenida, cómo la burocracia puede transformar la imposición de sellos y formularios en una forma de resistencia contra la maquinaria nazi. Cada firma, cada expediente revisado, se convierte en un acto de desafío moral en un momento histórico donde las opciones eran pocas y las consecuencias inmensas.

El peso de esta historia recae en un elenco que acompaña a Dorsin con interpretaciones que equilibran humanidad y convicción: Sissela Benn, Jonas Karlsson, Marianne Mörck, Jonas Malmsjö y otros actores dan vida a un grupo de personas que, desde su anonimato, deciden actuar contra el genocidio en curso. La película, de poco más de 100 minutos, opta por un ritmo reflexivo que permite al espectador comprender la complejidad de las decisiones políticas y personales en un tiempo de terror generalizado.
Más allá de su valor como relato histórico, El vínculo sueco funciona como una invitación a repensar la noción de heroísmo: no siempre se encuentra en hazañas grandiosas o discursos encendidos, sino, en ocasiones, en la valentía de quienes utilizan las herramientas disponibles para desafiar el silencio y el miedo. En este caso, la neutralidad no fue una frase vacía, sino un terreno donde se libró una batalla de papeles y convicciones que, silenciosamente, salvó vidas. Excelente y conmovedora película.

Por: María Lorena Belotti

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